Yo te pertenezco

El sábado 24 de septiembre, en su viaje a Alemania el papa Benedicto XVI se reunía con el Comité Central de los Católicos alemanes, formado por representantes de los consejos diocesanos y de las asociaciones católicas, así como por representantes de instituciones de apostolado laico y personalidades de la Iglesia y de la sociedad. El papa les pronunció un discurso, del que entresaco algunas de sus palabras que me parecen muy iluminadoras.

Hablando de los rasgos que caracterizan el momento social actual, decía, entre otras cosas, que “ya casi no se encuentra la valentía de prometer fidelidad para toda la vida; el valor de optar y decir: “yo ahora te pertenezco totalmente”, o de buscar con sinceridad la solución de los problemas comprometiéndose con decisión por la fidelidad y la veracidad”.

Me llamaban poderosamente la atención estas palabras del papa, porque creo que apuntan de una forma muy directa y auténtica a una de las notas que marcan la vida en nuestro tiempo.

Qué duda cabe que estamos en la cultura de la caducidad. Todo está marcado por la caducidad. Una caducidad determinada por las emociones, sensaciones… Las cosas valen por las emociones que generen y mientras generen sensaciones especiales. En base a estos principios tantas veces se toman decisiones y se establecen los tiempos en las relaciones y compromisos.

Ese modo de entender la vida tiene unas manifestaciones prácticas y reales: se asumen decisiones desde la única referencia de lograr lo más placentero en lo inmediato, aquí y ahora; las relaciones interpersonales se establecen en base a lo puramente sensorial y emotivo, ignorando cualquier otro factor, lo cual se podría resumir en lo que decía la letra de una canción años atrás: hoy tengo ganas de ti.

Se diría que hoy se da una cierta debilidad psicológica para asumir proyectos de vida que supongan superar la barrera de lo inmediato, del horizonte corto, para situar la persona en un plano de lo estable y definitivo, de una opción totalizante y para siempre. Y sabemos, sin embargo, que el substrato de toda vocación está ahí, en la estabilidad temporal, en la fidelidad sostenida permanentemente al proyecto en el que se ha depositado la realización de la vida.

Creo que en las palabras del papa podemos encontrar la razón de las dificultades que hoy tenemos para entender la vida en clave vocacional y no quedarnos en el concepto de la vida como mero consumo. Como podemos encontrar la razón de la dificultad de entender el matrimonio como auténtica vocación: donación mutua de la vida para siempre. Y, en definitiva, como podemos encontrar la razón de la crisis vocacional a la vida sacerdotal o religiosa, la cual requiere un corazón que no se conforme con experiencias de Dios a tiempos parciales, sino que necesite decirle: Tú eres mi vida. Tú eres mi realización. Yo te pertenezco totalmente y para siempre.

Juan J. Valero

Rector