UN LIBRO PARA LEER

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Recientemente me llegaba, como amable obsequio de Ediciones San Juan, un pequeño libro titulado Vocación, del gran teólogo del siglo pasado Hans Urs von Balthasar. Se trata de una recopilación de distintas reflexiones del autor sobre la vocación a la … Sigue leyendo

Un amor comprometido

 

Estos días estamos inmersos en la campaña del seminario, bajo el auspicio de la figura de S. José. A él, tal vez por sus rasgos de bondad, así como por su compromiso decidido en el hogar-seminario de Nazaret, se le ha encomendado la custodia y patronazgo de los seminarios. Por ese lado, sin duda, están en buenas manos.

Pensaba, en el momento de ponerme a escribir, que posiblemente algo no estemos  haciendo bien cuando tenemos que andar recurriendo año tras año a una campaña para concienciar sobre el seminario y lo que significa en relación a la vocación del ministerio sacerdotal. Sinceramente, lo de la “campaña” lo asocio más con la movida publicitaria que de forma recurrente suele utilizar la Dirección General de Tráfico, por poner un ejemplo, para que se tome conciencia del necesario uso del cinturón de seguridad al conducir.

Y es que no se hacen campañas, por ejemplo, por el sacramento del matrimonio, como no necesita hacerse campañas por aquellos acontecimientos y opciones de la vida que amamos apasionadamente. Nadie tiene que ser sensibilizado por aquello que es objeto de su amor.

Esa sensación que percibo me lleva a preguntarme, no ya por la valoración que la sociedad actual establece respecto al papel del sacerdote, donde fácilmente se pueda señalar desde una fina sensibilidad hasta la más áspera acidez pasando por una total indiferencia; me pregunto más bien por el lugar que ocupa el ministerio sacerdotal en el amor del corazón creyente.

El fundamento sacerdotal está en Jesucristo que llama y envía para sanar los corazones afligidos, para proporcionar el pan que reconcilia con la vida, para anunciar la Buena Noticia del Reino, para mostrar el camino de la salvación. Es, por ello, un ministerio proporcionado por el Señor que tiene la tarea de servir al pueblo de Dios en su construcción y a la humanidad en su peregrinación por la historia, lo cual es algo decisivo. No se trata de constituir el sacerdocio en centro de nada, pero sí tener la lucidez afectiva de su necesidad, lo que debería conducir a ser acogido con gratitud de amor y ser pedido con humilde insistencia.

Pero reconozco que para llegar a ese punto de lucidez, gratitud y súplica ante el don de la vocación sacerdotal hay que ser creyente con una fe no de consumo y conveniencia del momento. Aquello necesita de creyentes arraigados y comprometidos con la persona de Jesucristo, siendo la fe así no unas simples creencias en algo, sino una total confianza en Alguien. Es la confianza total la que hace entender que a Dios no se le puede ofrecer simplemente unas migajas de la vida, lo que nos sobra de nuestro tiempo. Un amor absoluto como el de Dios reclama la totalidad del ser.

En todo ello hay, pues, una clave explicativa que ayuda a entender el ministerio sacerdotal en sí, como también el invierno vocacional que vivimos. Es el amor. El amor capacita  el seguir a quien se ama hasta las últimas consecuencias en donación total y eso explica una vida sacerdotal. Por eso mismo, también para explicar el fenómeno de las pocas vocaciones actuales, sí, podremos argumentar mil razones que concurren en el momento presente, pero en definitiva hay una razón que sostiene todas las demás: es la carencia de un amor comprometido, de un amor apasionante. Es una cuestión del corazón, desde la que acabamos diciendo a Dios: “Me has seducido y me he dejado seducir”. O se le acaba diciendo: te quiero, pero no tanto como para entregarte un hijo…o entregarte mi juventud.

Juan J. Valero

Perseverar en la vocación

Sabiendo que nuestra vocación primera por el Bautismo es la santidad, podemos pasar a ver cómo Dios quiere que alcancemos tal meta ayudados de su gracia: qué vocación específica quiere tocar nuestro corazón, hacia donde quiere que nos dirijamos y por qué “crisoles” hemos de pasar para ir convirtiéndonos cada día más a Él.

En este sentido, la mayor parte de las veces, la llamada del Señor, tras un tiempo, empieza a hacerse nítida —aunque tras un proceso; se parte de algo parecido a un susurro leve o un pensamiento endeble: en esa debilidad aparente radica su fuerza— da pequeños toques de atención y se instala en nosotros con la sencillez que llegó.

Uno puede sentir la vocación al haber pasado por un acontecimiento traumático, al vivir una experiencia intensa de Dios, al preguntarse el porqué de lo que otros realizan sin ningún tipo de beneficio… y en ellos esa voz, que desde siempre fue confundida con el ruido vital de la respiración, adquiere un matiz nuevo… se podría decir que se empieza a escuchar aquello que, con los oídos “dormidos”, parecía ruido y sinsentido; se inicia “algo” que tendremos que ir profundizando con cada una de nuestras respiraciones y latidos del corazón: dejando, cada vez más, actuar al Espíritu Santo en nuestra vida.

¡Atención! Nadie dice que sea todo “color de rosa”, porque aún estas tienen espinas. La verdadera vocación, como decía al inicio, debe pasar pruebas para fortalecerse y hacer hendidura profunda en el vocacionado; pero, mientras pasan las tormentas, es preciso mantenerse fiel hasta que pase la crisis para poder observar con claridad lo ocurrido —teniendo presente la indicación de S. Ignacio de Loyola: “en tiempos de desolación no hacer mudanza” (EE 318)—, quietos hasta ver, que igual no es nada.

Dentro de todo auténtico proceso vocacional surgen las dudas, los cuestionamientos que aparecen cuando las fuerzas flaquean y todo parece tambalearse; en esos momentos, en los que la rutina puede convertirse en hastío, se hace fácil perder el “norte” que debe ser punto de referencia en nuestra vida: Cristo.

En medio de una marabunta de pensamientos, de circunstancias personales, motivaciones, frustraciones y errores inasumibles recorriendo nuestra mente y eclipsando la capacidad de trascender serenamente esa situación, es difícil recordar aquello que un día sintió nuestro corazón y que poco a poco fue formando parte esencial y fundante de nuestro ser personal.

La esperanza ha de ser el motor que nos ayude a salir de este estado de desasosiego y que nos una más en el amor al Amigo; así, ejercitándonos en la caridad, perseveraremos fieles a la vocación recibida, al proyecto y voluntad del Padre para nuestra vida.

Pero tendremos que sacar fuerzas de la debilidad y pecado propios para avanzar en la compresión del misterio que se nos hace su voluntad, y por ello tendremos que pedir que nos ilumine y, así, podamos afianzarnos de nuevo en la vocación confiando en que: si Dios nos quiere para esa tarea Él pondrá los medios necesarios para salir de toda dificultad; hallando tras la prueba una mayor unión con Él que nos alcance la Felicidad.

“Te puede pasar a ti. Antes ateos, hoy conversos”

Es el título de la última producción de Infinito+1 dirigida por Juan Manuel Cotelo, conocido dentro del ámbito católico por la producción cinematográfica del documental sobre la vida de un sacerdote madrileño, D. Pablo Domínguez Prieto, titulada “La última cima“. Se extrenará el día 11-11-2011 junto a otro proyecto: “A ti, niño – ¿Qué celebras en Navidad?”. Pero esto sólo es el comienzo, una de las trece producciones que tiene en mente, y que harán que un gran público se dé de bruces con la persona de Jesucristo, cambiando la que cada uno se había dibujado por la verdadera: Jesús el Hijo de Dios y salvador de la humanidad, que perdona nuestros pecados.

Ya hace tiempo manifestó que era uno de sus grandes proyectos; en algunas entrevistas ya nos ponía en situación: su nueva película trataría el tema de los “conversos” actuales. Dios había hecho posible un encuentro con gente que le brindó su testimonio. Esta gente no se puede decir que fuesen de lo mejor que puedes encontrarte por la calle (un líder de una banda, un gigoló homosexual, una masona, una punky, un marxista, una escritora agnóstica, una empresario, un boxeador, un naúfrago, un titiritero, una top-model, un terrorista, un guionista de Hollywood), pero… un día se encontraron con Cristo, y no pudieron resistir la llamada de su voz, que les invitaba a cambiar de vida, a convertir su vida para alcanzar la felicidad que ansiaban. Un blog, que personalmente me hubiese gustado que tuviese algo más de vida (parece que a partir del 1 de diciembre se hará realidad este deseo en infinitomasun0.org), ya denota el tono desenfadado que le caracteriza; Juan Manuel Cotelo, con un lenguaje “poco ortodoxo”, o incluso “frívolo”, es capaz de impactar a quien busca a Dios y de tambalear falsos andamiajes humanos, para que seamos capaces de descubrir nuestras verdaderos cimientos en Dios.


«Antes no creían en Dios. O le consideraban un extraterrestre. O le tenían escondido en el congelador. Pero un día se encontraron con Él… ¡y cambiaron de vida! Un boxeador, una estudiante, un escultor, una actriz, una empresaria, un malabarista, una escritora, una modelo, un terrorista… Son inclasificables y están por todo el mundo. Se les llama “conversos”».

Aquí recojo una declaración, que anda por internet, del propio Cotelo: “La idea surgió de un encuentro casual. Una persona, en la calle, me identificó como actor y me prestó un libro en el que una princesa italiana hablaba de su conversión. La historia me impresionó e inmediatamente traté de localizar a la autora. Tardé ocho meses en lograr que me recibiera. Desde entonces hasta hoy, lo cómico es que he dado casualmente con doce conversos, de ocho países diferentes, a los que no he buscado. Cuando he sido yo quien tomara la iniciativa para dar con alguien, no lo he conseguido. Los conversos no son “intelectuales” alejados del mundo real en el que vivimos: Al empezar este trabajo comprobé cómo la literatura sobre conversos se reduce casi exclusivamente a historias de intelectuales conversos, de personas muy, muy listas. Como si se hubiera querido defender la idea de que hay gente inteligente que encontró la fe… que la fe no es para imbéciles o tarados. Sin embargo, no dejan de ser modelos alejados del común de los mortales, que no somos especialmente listos“.

Preparados para lo que venga… este proyecto va a cambiar muchas vidas; va a ser:
  • rebrote de verdor (esperanza) en la masa de cristianos “envejecidos”
  • y el que abra el “plástico protector” de cristianos que no hayan “estrenado” aún en su vida la eterna novedad de Dios.

Vocación hoy

Focus 11: la «receta» católica para despertar vocaciones sacerdotales y religiosas

Van a los colegios y cuentan su vocación. Hasta ahí el «programa» para suscitar posibles inquietudes vocacionales es más o menos universal en cuanto pastoral vocacional en todo el mundo. ¿Qué es lo novedoso de «Focus11», la «receta» de la Iglesia católica en Maryland, Estados Unidos?
Según un estudio del CARA (Center for Applied Research in the Apostolate, de la prestigiosa universidad de Geogetown), es a los 11 años cuando muchos adolescentes, niños y niñas, se plantean por primera vez la posibilidad real de convertirse en sacerdotes o religiosas. De ahí que el acompañamiento por medio del testimonio de personas que puedan confirmar o inspirar un mayor deseo de profundización y conocimiento en la vida consagrada sea una «necesidad» a cubrir.
Como reportaba GetReligion, «Focus11» «incluye actividades como juegos de preguntas entre los niños y los panelistas, entre los que se suelen encontrar un sacerdote, un hermano, un diácono y dos monjas». La experiencia ha mostrado a los niños que las vocaciones vienen de personas que llevan una vida normal. Y se han sentido atraídos por ese estilo de vida.

Con 6, 10 y 12 años y ¡quieren ser sacerdotes! ¿Pues en qué mundo viven? evidencia que el estudio del CARA sobre la edad es también un hecho en otros países del mundo. «Focus11» apunta entonces a un replanteamiento del momento en que se puede sugerir la vocación a la vida religiosa o consagrada en la Iglesia, a un testimonio por parte de quienes ya están consagrados a Dios y también a un ambiente de vida cristiana en las familias.

Publicado por Jorge Enrique Mújica, LC en su blog Actualidad y Análisis.

Este último artículo, que evidencia en España este estudio estadounidense, ayuda a comprender que Dios llama cuando quiere y a quién quiere.
Hoy también el Señor sigue llamando a niños, como Samuel, que estén dispuestos a entregar su vida plenamente a Él. No es cierto que se renuncie a cosas… más bien se opta, sabiendo que en aquello que Dios planea para cada uno está la mayor felicidad… por eso no hay motivo para “mirar de reojo” lo que se “deja atrás”, sino que mirando hacia delante y con la ayuda del Señor debemos ir progresando en la vocación.

Un vídeo interesante

Este video también es del blog Actualidad y Análisis:


El único pero de este video es que está en inglés. Es un vídeo original que utiliza el modo en que Batman se pone su traje, para luchar contra los villanos, con el sacerdote que se reviste para celebrar la Eucaristía, revistiendose de Cristo. Una magnífica idea de la archidiócesis de Brooklyn para plantear la vocación al mundo juvenil.

 

Otro enlace de interés,

contiene una recopilación de sitios, materiales,… para promover la vocación sacerdotal a traves de internet.

Yo te pertenezco

El sábado 24 de septiembre, en su viaje a Alemania el papa Benedicto XVI se reunía con el Comité Central de los Católicos alemanes, formado por representantes de los consejos diocesanos y de las asociaciones católicas, así como por representantes de instituciones de apostolado laico y personalidades de la Iglesia y de la sociedad. El papa les pronunció un discurso, del que entresaco algunas de sus palabras que me parecen muy iluminadoras.

Hablando de los rasgos que caracterizan el momento social actual, decía, entre otras cosas, que “ya casi no se encuentra la valentía de prometer fidelidad para toda la vida; el valor de optar y decir: “yo ahora te pertenezco totalmente”, o de buscar con sinceridad la solución de los problemas comprometiéndose con decisión por la fidelidad y la veracidad”.

Me llamaban poderosamente la atención estas palabras del papa, porque creo que apuntan de una forma muy directa y auténtica a una de las notas que marcan la vida en nuestro tiempo.

Qué duda cabe que estamos en la cultura de la caducidad. Todo está marcado por la caducidad. Una caducidad determinada por las emociones, sensaciones… Las cosas valen por las emociones que generen y mientras generen sensaciones especiales. En base a estos principios tantas veces se toman decisiones y se establecen los tiempos en las relaciones y compromisos.

Ese modo de entender la vida tiene unas manifestaciones prácticas y reales: se asumen decisiones desde la única referencia de lograr lo más placentero en lo inmediato, aquí y ahora; las relaciones interpersonales se establecen en base a lo puramente sensorial y emotivo, ignorando cualquier otro factor, lo cual se podría resumir en lo que decía la letra de una canción años atrás: hoy tengo ganas de ti.

Se diría que hoy se da una cierta debilidad psicológica para asumir proyectos de vida que supongan superar la barrera de lo inmediato, del horizonte corto, para situar la persona en un plano de lo estable y definitivo, de una opción totalizante y para siempre. Y sabemos, sin embargo, que el substrato de toda vocación está ahí, en la estabilidad temporal, en la fidelidad sostenida permanentemente al proyecto en el que se ha depositado la realización de la vida.

Creo que en las palabras del papa podemos encontrar la razón de las dificultades que hoy tenemos para entender la vida en clave vocacional y no quedarnos en el concepto de la vida como mero consumo. Como podemos encontrar la razón de la dificultad de entender el matrimonio como auténtica vocación: donación mutua de la vida para siempre. Y, en definitiva, como podemos encontrar la razón de la crisis vocacional a la vida sacerdotal o religiosa, la cual requiere un corazón que no se conforme con experiencias de Dios a tiempos parciales, sino que necesite decirle: Tú eres mi vida. Tú eres mi realización. Yo te pertenezco totalmente y para siempre.

Juan J. Valero

Rector