Testimonios

Eduardo Callejo Fernández – Escrito cursando 4º de ESO

Este año he empezado el Seminario Menor. Aquí me encuentro muy bien. Lo peor es echar de menos a tu familia, a tus amigos… Pero este esfuerzo nos será recompensado. Todo el Seminario Mayor nos trata siempre con cariño y afecto. Cuando pueden, nos echan una mano en lo que necesitemos, principalmente con los estudios.

Este año, a pesar de haberme cambiado de colegio, mi entrada en el seminario me ha ayudado a encaminar mis estudios hacia el futuro, también mi vida personal y espiritual; y gracias a mi estancia aquí he aprendido a llamar a Dios PADRE.

De este año saco una experiencia que jamás podré olvidar. Si me tengo que quedar con una sola cosa, lo hago con la alegría de haber empezado a conocer mejor a Jesucristo en la Eucaristía, la oración y la convivencia con mis compañeros.

Para mí, Jesús no es sólo quien dio la vida por mí; sino el que también intenta conducirme por el buen camino y me invita a seguir su ejemplo. Como me dijo un día mi párroco: “Sé generoso con la llamada de Jesús, que te dice: “¡Sígueme!””… Yo me subí a este barco y espero no bajarme nunca.


Ramón Gómez Ruiz – Escrito cursando 2º de ESO

De pequeño iba con mi abuelo a la Iglesia y yo no me enteraba de nada de lo que decía un hombre que estaba detrás de una mesa y que no hacia otra cosa que hablar y hablar. Poco a poco, cuando comencé a comprender lo que decía ese hombre, me di cuenta que daba unos consejos, muy básicos y sencillos, para ser buenas personas, que dijo un “tal” Jesús hace unos 2.000 años.

Cuando comencé la catequesis para hacer la primera Comunión, empecé a conocer cosas bonitas sobre “ese” Jesús que enseñaba que nos teníamos que amar y respetar como lo hizo Él con nosotros, que curaba a todos los enfermos y un sinfín de cosas más.

Y descubrí que Jesús de Nazaret iba entrando en mí; me pedía que pasase por el mundo haciendo el bien a los demás, como hizo Él, y enseñando su mensaje: DIOS ES AMOR Y MISERICORDIA… Enseñando su palabra y haciéndole presente en el pan y en el vino de la Eucaristía.


Miguel Hinojosa Jerez – Escrito el 21 de octubre de 2012

La llamada y propuesta de Dios.

Mi vocación se remonta a cuando yo era pequeño. Tenía 10 años y me llamaba mucho la atención cuando veía alguna frase escrita que tenía que ver con la Biblia “Yo soy el camino, la verdad, y la vida” (Jn. 14,6). No lo entendía –debido quizás a mi edad–, me preguntaba: “¿Qué significa esta frase? ¿Quién es Jn? ¿Qué significan esos números?

Me acuerdo que vivía en el pueblo y, como mi abuelo ha sido pastor, todas las noches solía ayudarle a meter las ovejas en casa. Mientras le esperaba contemplaba las estrellas, y, al igual que nuestros antepasados, me quedaba fascinado de la inmensidad de lo que veía y así me preguntaba sobre el sentido de la vida, nuestra existencia, Dios… Ahí nació mi vocación.

También me acuerdo que me pasaba horas interminables viendo las míticas películas, que echaban en la televisión –no sé si todavía las seguirán dando–, que narraban la Historia Sagrada desde el Génesis, Noé, Moisés… Y hay encontraba la respuesta a lo que buscaba.

Cuando tenía 12 años fue un momento muy especial para mí. Hice la catequesis y la primera Comunión, que suponía recibir a Jesús, por primera vez, en mi vida.

Empecé a ir a Misa y a familiarizarme con mi parroquia. Pero, por una serie de circunstancias, me fui a vivir a Santander y ahí me aleje de mi parroquia, del sacerdote al que tenía como modelo… Nunca me atreví a dar el paso y hablar con él, tenía miedo a ser rechazado, pues tenía un deseo interior de seguir a Cristo que no tenían mis hermanos.

Ese deseo que siento, a media que fue pasando el tiempo, ha ido creciendo. Mientras estudiaba, religión se convirtió en mi asignatura favorita –sacaba sobresalientes–. Ha ido pasando el tiempo… y hace 3 años comencé a plantearme la posibilidad de dedicarme a mi vocación. He llamado a varias puertas y al final, el Señor que es quien nos guía, me abrieron la puerta del Seminario.

Realicé algún curso sobre doctrina fundamental, Evangelios y he descubierto que esto es lo que me llena realmente. Me siento muy agradecido a Dios. La carrera de teología-filosofía me parece una de las carreras más completas que uno puede estudiar. Ya que te ofrece una formación no sólo intelectual si no también humana y espiritual.

Para terminar me gustaría hacerlo escribiendo una frase de san Pablo que expresa muy bien la llamada de Dios: “No soy yo, es Cristo quien vive en mí”.