Comenzamos un nuevo curso…

CURSO 2018-2019

De entre las muchas lecturas de este verano quiero hacer presentes, en esta palabras de saludo de la guía académica 2018-19, tres que para mí han sido muy significativas.

Hace unos pocos meses la Asociación Sociocultural de Polanco envió a la biblioteca del Seminario el libro «Jesús Cancio. Acercamiento al Poeta del Mar tras la visión de Luis Corona Cabello», (Ed. Los Cántabros, 2018). Su lectura me ha dado ocasión de acercarme a la vida y obra de este poeta nacido en Comillas el 8 de diciembre de 1885. Antiguo alumno del Seminario de Corbán, ingresó en él cuando tenía unos 10 años, pero seis años más tarde tuvo que abandonar todo estudio por culpa de una enfermedad que le conducía a la ceguera. Sus versos sencillos están cargados de religiosidad y de amor a las gentes del mar de su Comillas natal, y, por supuesto, de amor a ese Mar Cantábrico que es parábola de tantos misterios. Y como muestra este poema que lleva por título «En la playa» (Op. cit. p. 28s):

Atardecer de otoño,
lienzo donde plasmó
todos los amarillos
de su paleta Dios.

Va cerrando sus párpados
en altamar el sol,
y cual monje que cruza
el claustro en oración,
paso yo por la playa
pensando en alta voz.

Como la poesía,
como la religión,
el mar es un enigma
que nadie descifró.

Abismos insondables
modo fascinador
de antros sin resonancia,
de latidos sin voz,
de volcanes sin llamas,
de picachos sin sol,
de monstruos entre sombras
y rocas de pavor,
mundo que es un milagro
más de la Creación.

Pleamares de equinoccio
de ímpetu arrollador
que llenan tierra y cielo
de palpitante son.
Galernazos fatídicos
cuyo azote feroz
paraliza a oleadas
de miedo el corazón.
Voz de los siete mares,
eco desgarrador
de las Siete Palabras
que Cristo pronunció:

Como la poesía,
como la religión,
el mar es un misterio
que sabe sólo Dios.

También, hace unos meses, un compañero sacerdote me regaló, con el deseo expreso que fuese “lectura refrescante para el verano”, el libro de Mª. Elvira Roca Berea, Imperiofobia y Leyenda Negra, (Siruela, Madrid 42017). Y su lectura, más que refrescante, ha sido luminosa. Para mí ha sido como el desvelamiento del antimagníficat que ha sido y sigue siendo, muchas veces, la historia “escrita” por los poderosos

En Francia existe un amplio mercado de lo que allí llaman bandes dessinées y aquí llamamos comic. La visita este verano a Ars-sur-Formans (la parroquia de San Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars) me ha dado ocasión de leer, en este formato, numerosas vidas de santos magníficamente ilustradas, pero también biografías como las de Darwin, Antoine de Saint-Exupéry y otros, que han sido una deliciosa experiencia.

La lectura me ha deparado siempre, a lo largo de mi vida, grandes momentos de descubrimiento, de aventura, de emoción, de paz, de alegría, de oración, etc. etc.

El tiempo del Seminario puede ser un tiempo privilegiado para iniciarse, -quien no lo esté ya-, en este hábito de la lectura y en otros buenos y necesarios hábitos. Pienso que es muy difícil que, si éstos no se adquieren en los años de formación, se puedan adquirir más tarde cuando uno está sumergido en la vorágine de tantas tareas y ocupaciones pastorales, máxime hoy en día cuando las nuevas tecnologías, que si por un lado nos facilitan ciertas tareas, por otro ponen a nuestro alcance ciertas tentaciones que amenazan con atraparnos.

¿Recuerdan cómo termina El Buscón de Francisco Quevedo? Estas son sus últimas líneas: «…determiné pasarme a las Indias (…), a ver si, mudando mundo y tierra, mejoraría mi suerte. Y fueme peor (…) pues nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar, y no de vida y costumbres». Pues eso…

Por necesidad de su tarea pedagógica, los profesores están “obligados” a buscar esos tiempos de lectura y trabajo intelectual que, muchas veces, no tienen. Agradezco desde aquí, una vez más, su esfuerzo y generosidad. Que Dios les bendiga y nos bendiga a todos a lo largo de este curso. Y que Santa María, Virgen Bien Aparecida, nos cobije bajo su manto de amor.

D. José Luis Tejería Ruiz,
Rector del Seminario de Corbán.
22 de Agosto de 2018.

CURSO 2017-2018

Leí este verano estas palabras admirables del filósofo católico francés Fabrice Hadjadj: «Si el fin último de nuestra ciencia no es comprenderlo todo celosamente en nosotros mismos, sino abrirnos también a otro incomprensible, debemos admitir una cosa: esa ciencia se realiza menos en un enciclopedismo que domine su tema, que en un estupor que lo adore. Sin el horizonte de esa adoración, el saber pierde sabor. En lugar de engrandecer, hincha. Su hiperintelectualismo se transforma en paranoia: comenzamos a creer que la realidad que no encaja en nuestro sistema es sólo mala voluntad que nos persigue; rechazamos esa vida abierta al acontecimiento para no aceptar más que lo que está conforme con nuestro programa.» (El paraíso a la puerta, Granada 2012. p. 329-330).

Comenzamos un nuevo curso académico. Montones de libros, horas lectivas y trabajos nos esperan. Las palabras del filósofo francés arriba citadas me hacen pensar que podemos afrontar los estudios desde diversas actitudes:

Por ejemplo, la actitud del que piensa “no-me-queda-más-remedio-si-quiero-ser-cura”, pero que no tiene mayor interés en volver a tocar un libro y seguir formándose “cuando-ya-sea-cura”.

Puede estar también la actitud quien ve en el estudio la ocasión de acumular saberes y títulos que le elevan por encima de los demás compañeros, comenzando así eso que el papa Francisco llama “carrerismo eclesial”, y que el mismo papa tantas veces denuncia como contrario al evangelio.

Pero está también la actitud de los amantes del saber, que caminan con firme pero humilde actitud, adentrándose a través del estudio en el misterio de Aquél que «llega a revelarse como más incomprensible cuanto más perfectamente conocido es, porque conocerlo es reconocer su fuente infinita y, por tanto, que siempre es más cognoscible que conocido, más amable que amado, más loable que loado.» (Op. Cit. p. 329).

El papa Francisco, en el nº 280 de su exhortación apostólica Evangelii Gaudium, nos invita a tener «una decidida confianza en el Espíritu Santo» y a «invocarlo constantemente», porque «no hay mayor libertad que la de dejarse llevar por el Espíritu, renunciar a calcularlo y controlarlo todo, y permitir que Él nos ilumine, nos guíe, nos oriente, nos impulse hacia donde Él quiera. Él sabe bien lo que hace falta en cada época y en cada momento. ¡Esto se llama ser misteriosamente fecundos!»

Comencemos, pues, este curso con ilusión y espíritu de trabajo, abiertos con humildad y de todo corazón a la luz del Espíritu Santo. E invoquemos a María, la llena de Gracia, trono de la Sabiduría, causa de nuestra Alegría…

D. José Luis Tejería Ruiz,
Rector del Seminario de Corbán.
8 de Septiembre de 2018.

CURSO 2016-2017

Al prologar, por primera vez, la Guía Académica del Instituto Teológico del Seminario de Corbán acuden a mi mente aquellas palabras que Edith Stein -entonces ya, Sor Teresa Benedicta de la Cruz- escribía en el año 1940 en una reflexión sobre el mis-terio de la Epifanía: «En ellos [los Magos] vivía un deseo puro de alcanzar la Verdad, que no se deja contener en las fronteras de las doctrinas y tradicio-nes particulares. Dios es la Verdad y Él quiere mani-festarse a todos aquellos que lo buscan con sincero corazón…» (OC-5, pág. 638).

Pienso que el Seminario es un tiempo privilegiado e irrepetible en ese camino de búsqueda de la Verdad que debiera recorrer todo ser humano, pero mucho más quién se prepara para ser en medio del mundo signo y testigo de Aquél que es la Eterna Verdad: Jesucristo, nuestro Señor.

Saludo a D. Manuel Sánchez Monge, nuestro obispo, y a los fieles creyentes de esta Diócesis de Santan-der. Que, todos juntos, caminemos bajo el cayado del Buen Pastor, hacia las verdes praderas del Reino de la Verdad y la Vida guiados por esa fe de la que alguien dijo que es “la capacidad suprema de la ra-zón”.

Agradezco a los profesores del Instituto su esfuerzo y dedicación para transmitir a los futuros sacerdotes algo de esa Sabiduría/Verdad que vuela en las alas de la razón y de la fe. «El último paso de la razón es reconocer que hay una infinidad de cosas que la so-brepasan. Si no lo reconoce, será siempre frágil», (Cf. Blaise Pascal).

Animo a los seminaristas, futuros sacerdotes, que han “dejado las redes” de este mundo para entregar su vida al servicio del Señor a ser siempre constantes e infatigables buscadores de la verdad a través del estudio serio, profundo y disciplinado.

Y, de nuevo, para terminar, unas palabras de Edith Stein. El 6 de enero de 1927, -cinco años después de haber sido bautizada en la fe católica-, en una carta dirigida a su amigo de los años de la Universidad de Gotinga, Fritz Kaufmann, escribía:

«¿Y aconsejar? Ya le he dado mi consejo: ser como un niño y poner la vida con toda la investigación y cavilación en las manos del Padre. Si todavía uno no logra esto: pedir al Dios puesto en duda y desconocido que sea él quien le ayude. Ahora míreme asom-brado, que no tengo miedo de presentarme ante usted con tan sencilla sabiduría de niño. Es sabiduría, porque es sencilla y esconde en sí misma todos los secretos. Y es un camino que conduce con total garantía a la meta.» (OC-1, pág 778).

Que Santa Teresa Benedicta de la Cruz y Santa María, Madre de la Sabiduría, nos guíen y acompañen a lo largo de este curso 2016-17, y siempre.

D. José Luis Tejería Ruiz,
Rector del Seminario de Corbán.
15 de septiembre de 2016.