Libros

Quizá no a todos guste el efusivo estilo de Franco Nembrini, pero yo tengo la impresión que llega al corazón porque nos habla desde su experiencia (religiosa) vital. Si la obra de Oscar V. Milosz es ya de una gran profundidad, esta edición comentada, hay muchos momentos, que te traspasa el corazón y te deja como desnudo ante tus propios planteamientos… y mucho más, cuando la leemos en eta cuarentena por la que atravesamos. El comienzo del comentario al segundo cuadro (“¿Por qué no he descubierto antes que tenía un corazón bueno?”) es de una gran actualidad… Un libro para regalar a (y comentar con) jóvenes que “buscan”…
Un feliz descubrimiento, especialmente en estos tiempos de “desierto” que estamos viviendo. Con especial interés he leído la reflexión sobre el profeta Elías y el capítulo dedicado a Carlos de Foucault. También muy interesante la reflexión del anteúltimo capítulo de cómo vivir hoy en medio de nuestras agitadas vidas esa espiritualidad del “desierto”.
Acaba de aparecer en el mercado. Después de algunas páginas leídas, uno se dice: “El autor tiene la cabeza muy bien amueblada”… Lo que en estos tiempos no es poco…
Adjunto las páginas de su epílogo (4) y el índice para que se os abra el apetito y lo compréis, y lo leáis, y lo reflexionéis, y lo trabajéis juntos…
Tiene ya 5 años en el mercado. Lo hemos conocido con ocasión de unas charlas de su autor en el Seminario para la formación de los sacerdotes. Nos encantó.
Presentando el libro esta semana pasada a unas religiosas, cuando reflexionábamos sobre la 2ª llamada de Jesús a sus discípulos en Cesarea de Filipo, comparte una de ellas: “Se llena el corazón de luz…”.
Leedlo. Es profundo y te hace replantearte algunas cuestiones… o muchas.
Para pensar, orar… y abrir el corazón a la verdadera gracia de ser cristiano…
Un texto y unas imágenes llenas de ternura y delicadeza que contagian y mueven el corazón del lector. Para disfrutar…
Confiesa el autor de este estudio sobre la teología inserta en la obra de Mozart que, escuchando su requiem “experimentó una dimensión mística que le llevó hacia Dios, y que contribuyó, con el crrer del tiempo, al plantamiento de su vocación sacerdotal”. Merece la pena, pues, acercarse a la obra de Mozart de la mano de su autor, Fernando Ortega.
Creo que es pedagógico y claro. Ayuda a poner orden en ese “barullo” que encontramos, tantas veces en los medios de comunicación, en el tema de la relación ciencia-fe. Pero sobre todo, te hace pensar y te ayuda a abrir el pensamiento a ese “más allá” que se manifiesta en la creación, en la ciencia… en todo, pero que no es prisionero ni de la creación, ni de la ciencia… ni de nada.
Quizá le falte al autor un poco de profundidad metafísica en algunos momentos, pero me han resultado muy interesantes y esclarecedoras sus reflexiones… y su testimonio.
Siempre es interesante acercarse a otras visiones diferentes de la realidad eclesial. Especialmente sugerente el último capítulo sobre la vocación sacerdotal. Eric de Moulins-Beaufort, joven obispo de Reims (57 años), es en estos momentos el presidente de la Conferencia Episcopal Francesa.
Sencillo y profundo acercamiento a la figura de Edith Stein y su relación con el misterio de María.
¿Deben de morir todas las personas?

Con delicadeza y claridad, y con cuidadas ilustraciones, este librito para niños (¿sólo niños?) aborda ese tema que es tabú hoy en muchas familias y, tal vez, catequesis: el tema de la muerte: ¿Qué podemos hacer por un moribundo? ¿Por qué vestimos de negro en un funeral? ¿En qué creen las distintas religiones? ¿Cómo es la vida después de la muerte?

¡Ojalá alguna editorial de habla española se anime a verterlo a nuestra lengua! Podría prestar un gran servicio en nuestras familias y a todos los que tienen -y deben- abordar este tema con los niños.

Un libro para dejar que el corazón se te conmueva y te saque de tu amodorramiento. También para conocer la hermosa tarea de la Comunidad de San Egidio con tantos niños de las periferias del mundo.

«En periferias abandonadas de todas las latitudes, las Esuelas de la Paz animadas por los jóvenes (entre otros) de Sant’Egidio son una propuesta para niños que no tienen más alternativa que la calle. Estudio, actividades, juegos, excursiones y vacaciones son el vehículo de una cultura que lleva a abrirse al otro y a la diversidad, que representa las premisas -y también el contenido- de una nueva educación en la paz y en la convivencia. De ese modo, la propaganda de la violencia y de la fuerza bruta es contrarrestada por una “predicación” diaria, una auténtica contracultura de la paz. Los jóvenes que sin ninguna retribución se ocupan de los niños y se convierten para ellos en verdaderos referentes dan razón de una cultura basada en dar y que es contraria a la lógica de mercado. El culto a la fuerza como abuso del otro es contrarrestado por la fuerza de la no violencia y la simpatía hacia quien es débil.

Un joven al lado de un niño o de un anciano empieza a comprender que la debilidad forma parte de la vida, que no hay que temerla ni conjurarla. Todo ello provoca un cambio psicológico y antropológico de gran alcance. Es la “revolución de la ternura” de la que ha hablado en varias ocasiones el papa Francisco.»

Con motivo de los 50 años de la fundación de la Comunidad de Sant’Egidio, Adriana Gulotta coordina este volumén. Es profesora de literatra y, desde hace muchos años, está comprometida con la labor de la Comunidad de Sant’Egidio y con las nuevas generaciones de niños. Además, atiende los programas de escolarización e integración, apoyo a distancia, prevención del abandono y tráfico de menores tanto en Italia como en varios países del mundo, y es la coordinadora de las Escuelas de la Paz a niver internacional.